La nueva película de Resident Evil nos dejó una sensación bastante particular después de verla la semana pasada: más que una experiencia de terror y supervivencia, encontramos una propuesta que apuesta por el humor, las situaciones absurdas y un protagonista que parece estar viviendo una pesadilla que, por momentos, cuesta tomarse en serio.
La franquicia de Capcom lleva décadas construyendo una identidad alrededor del horror, la escasez de recursos, la tensión y la vulnerabilidad del jugador. Sin embargo, su nueva adaptación cinematográfica, dirigida por Zach Cregger, toma esos elementos y los mezcla con una comedia que termina ocupando un lugar mucho más importante del que algunos seguidores podrían esperar.
¿Significa eso que la película es necesariamente mala? No. Pero sí creemos que plantea una discusión interesante: ¿estamos ante una adaptación pensada para quienes aman Resident Evil como videojuego o ante una película que utiliza su nombre para llegar a un público más amplio?
Una nueva película que prefiere reírse antes que hacernos temblar
La producción de 2026 presenta una historia original protagonizada por Bryan, un mensajero médico que termina atrapado en una noche caótica marcada por una infección y encuentros con criaturas aterradoras. Interpretado por Austin Abrams, el protagonista no es uno de los rostros clásicos de la saga, sino un personaje nuevo que debe enfrentarse a una situación que lo supera por completo.
La película, dirigida y coescrita por Zach Cregger, apuesta por una combinación de violencia gráfica, acción, momentos de tensión y humor. La propuesta busca trasladar al cine algunas sensaciones propias de los videojuegos, aunque lo hace desde una perspectiva diferente a la de las entregas más conocidas de la franquicia y aquí aparece nuestra principal objeción.
El problema no es que una película de terror tenga humor. El problema es cuando el humor termina debilitando la sensación de peligro que debería sostener la experiencia. Durante el visionado encontramos situaciones que se acercan más a la comedia que al terror que asociamos tradicionalmente con Resident Evil, en lugar de permanecer constantemente atrapados por la angustia, hay momentos en los que la reacción que provoca la película se aproxima más a la risa que al miedo, es una decisión creativa legítima, pero no necesariamente la que esperábamos de una franquicia cuyo nombre lleva tantos años asociado al survival horror.

Resident Evil no siempre significó lo mismo para todos
Para entender nuestra crítica, hay que recordar qué hace especial a Resident Evil como videojuego, no se trata únicamente de zombis, criaturas grotescas o laboratorios repletos de experimentos fallidos, la esencia de la saga también está en la incertidumbre: avanzar sin saber qué nos espera, administrar recursos, encontrar munición cuando más la necesitamos y preguntarnos si vale la pena enfrentarnos a un enemigo o si es mejor evitarlo.
El miedo surge, en buena medida, porque el jugador participa en esa situación, una puerta puede esconder una amenaza. Una habitación aparentemente segura puede convertirse en una trampa. Y gastar una bala puede tener consecuencias varios minutos después. En el cine, esas sensaciones deben construirse mediante otros recursos. No es obligatorio reproducir las mecánicas de un videojuego, pero sí comprender qué emociones generan, en nuestra opinión la nueva película se inclina demasiado hacia el espectáculo y la comedia, por lo que pierde parte de esa tensión que convierte a Resident Evil en una experiencia tan particular.
No echamos de menos únicamente a Leon Kennedy, Claire Redfield o Jill Valentine. Echamos de menos esa sensación de estar en un lugar donde cualquier error puede costarnos la vida.
¿Y si la película simplemente está dirigida a otro público?
Aquí conviene hacer una distinción importante, no podemos afirmar que los responsables de la producción hayan querido excluir a los jugadores tradicionales, tampoco sería justo asegurar que una adaptación tiene que reproducir exactamente la experiencia de los videojuegos para ser válida. Sin embargo, el resultado sí parece buscar un tipo de entretenimiento diferente al que muchos seguidores relacionan con la saga.
El humor, las reacciones exageradas y el protagonismo de un personaje que no domina la situación pueden funcionar para espectadores que buscan una película de terror desenfadada, con criaturas repulsivas, acción y situaciones disparatadas, de hecho parte de la crítica especializada ha valorado positivamente esta combinación. Algunas reseñas destacan que la película consigue trasladar la sensación de jugar un survival horror mediante sus escenarios, objetivos y encuentros con enemigos, sin depender de los protagonistas clásicos. Por eso nuestra posición no consiste en decir que nadie puede disfrutarla.
La cuestión es otra: que una película funcione para el público general no significa que vaya a satisfacer a quienes buscan una adaptación que respete las sensaciones fundamentales de la obra original y esa diferencia explica por qué dos espectadores pueden salir de la misma sala con opiniones completamente opuestas.
Los productos de Resident Evil no tienen por qué hablarle al mismo público
Esta discusión nos lleva a una reflexión que va mucho más allá del cine, Resident Evil no vive exclusivamente de sus videojuegos. A lo largo de los años, la franquicia ha desarrollado películas de acción real, producciones animadas, novelas, cómics y otros productos que exploran diferentes facetas de su universo y cada formato tiene sus propias posibilidades. Una novela puede profundizar en los pensamientos de un personaje y desarrollar acontecimientos con mayor detalle. Una película animada puede explorar conflictos que no encajarían en una entrega principal. Un videojuego puede construir tensión haciendo que el usuario participe directamente en la supervivencia. No todos esos productos tienen que satisfacer exactamente las mismas expectativas.
Una franquicia puede tener distintas puertas de entrada, pero necesita comprender qué hace especial a cada una de ellas. El problema aparece cuando una adaptación utiliza los nombres, las criaturas y la estética de una saga conocida, pero deja en segundo plano aquello que hizo que su público se enamorara de ella, no basta con colocar zombis, armas y monstruos en pantalla. Tampoco basta con incluir referencias para que los seguidores reconozcan elementos familiares, la pregunta fundamental es qué aporta esa adaptación y qué consigue transmitir. En el caso de esta película, entendemos la apuesta por una experiencia más cómica y accesible, pero consideramos que esa elección se aleja de lo que personalmente esperamos de Resident Evil.

El jugador no tiene que ser el único juez, pero tampoco debe quedar olvidado
Una adaptación no debería convertirse en una lista de requisitos que obligue a reproducir cada escena de los juegos originales. El cine tiene su propio lenguaje y necesita libertad para construir historias nuevas, sin embargo, tampoco creemos que los seguidores deban aceptar cualquier decisión creativa simplemente porque la producción utiliza el nombre de una franquicia que conocen. El equilibrio es fundamental, si una película quiere experimentar, puede hacerlo. Si desea introducir nuevos personajes, también. Si pretende combinar terror y humor, no hay ninguna regla que se lo impida.
Pero el resultado tiene que justificar esas decisiones y conseguir que la identidad de la obra original siga teniendo algún peso, en nuestra experiencia, la nueva Resident Evil funciona mejor cuando presenta amenazas, criaturas y escenarios capaces de despertar curiosidad, pero pierde fuerza cuando el tono cómico reduce el impacto de determinadas situaciones. Y eso termina condicionando nuestra percepción de la película en su conjunto.
Una adaptación que no era la que esperábamos
Fuimos a ver la nueva Resident Evil esperando encontrarnos con una película que nos acercara al horror y la supervivencia que asociamos con la saga. Salimos con la sensación de haber visto algo bastante diferente: una propuesta que utiliza su universo para construir un entretenimiento más desenfadado, donde las risas pueden terminar imponiéndose sobre el miedo.
No consideramos que todos los productos de una franquicia deban estar hechos exclusivamente para sus seguidores más fieles. Las novelas, las películas, los cómics y los videojuegos pueden dirigirse a públicos distintos. Esa diversidad incluso puede enriquecer una marca cuando cada producto encuentra su propia identidad. Pero también creemos que existe una diferencia entre ampliar una franquicia y alejarse demasiado de aquello que la hizo especial.
Nuestra crítica no es que Resident Evil tenga comedia; es que, para nosotros, la comedia termina pesando demasiado frente al terror y la supervivencia que esperábamos encontrar. Quizá otro espectador disfrute precisamente de ese enfoque. Lo entendemos. El cine no tiene por qué generar una reacción universal. Sin embargo, como jugadores, seguimos esperando que las adaptaciones comprendan que el miedo de Resident Evil no nace únicamente de lo que aparece frente a nosotros, sino de la incertidumbre, la fragilidad y la sensación de que sobrevivir nunca está garantizado. Porque al final, una buena adaptación no necesita copiar cada detalle del videojuego.
Necesita entender por qué ese videojuego consiguió que quisiéramos volver a jugarlo, incluso después de habernos hecho pasar miedo.
