La triste noticia de la semana que paso es el cierre de este estudio, pero el cierre de Bluepoint Games no es solo una noticia empresarial más. Es un mensaje. Y no precisamente uno alentador para la industria gamer. Estamos hablando del estudio que redefinió lo que significa hacer un remake moderno. El equipo que convirtió clásicos en experiencias técnicamente impecables. El estudio que abrió la generación de PlayStation 5 con uno de los lanzamientos más sólidos de la consola. Y aun así, no fue suficiente.
El estudio que trataba los clásicos con respeto
Bluepoint no hacía simples actualizaciones gráficas. Hacía reconstrucciones meticulosas. Su trabajo en:
- Demon’s Souls
- Shadow of the Colossus
demostró que un remake puede respetar el ADN original y, al mismo tiempo, adaptarse a los estándares tecnológicos actuales, no era nostalgia barata, era ingeniería creativa por eso el cierre duele más: porque no estamos hablando de un estudio fallido, sino de uno que cumplía.

La nueva realidad: números por encima de legado
La industria AAA atraviesa una etapa donde los presupuestos se disparan, los plazos se alargan y el margen de error desaparece. Las grandes compañías ya no apuestan solo por calidad: apuestan por seguridad financiera. Sony, como otras gigantes del sector, ha estado reestructurando su estrategia. Se ha hablado mucho de juegos como servicio, de modelos recurrentes de monetización, de proyectos cancelados antes de ver la luz.
En ese contexto, un estudio especializado en remakes por muy prestigioso que sea puede no encajar en el plan de crecimiento a largo plazo. Pero aquí surge la pregunta incómoda:
¿Desde cuándo la excelencia técnica dejó de ser rentable?
¿Es este el costo del modelo corporativo actual?
Bluepoint fue adquirida oficialmente por Sony en 2021. En ese momento, muchos pensaron que el estudio por fin desarrollaría una IP propia bajo el paraguas de PlayStation Studios. pero sabes que ese proyecto nunca se materializó públicamente y aquí es donde el debate se vuelve más serio: Cuando un estudio entra en la estructura de una corporación gigante, pierde autonomía. Pierde margen creativo. Y, en ocasiones, queda atrapado en decisiones estratégicas que no siempre priorizan el talento, sino el rendimiento proyectado.
No sería la primera vez que un equipo brillante queda en medio de ajustes internos.

El síntoma de algo más grande
El cierre de Bluepoint no es un caso aislado dentro de la industria en los últimos años. Hemos visto despidos masivos, cancelaciones inesperadas y reestructuraciones incluso en empresas con ingresos récord.
Lo preocupante es el patrón:
- Menos tolerancia al riesgo
- Más enfoque en productos de retorno inmediato
- Reducción de equipos que no encajan en estrategias agresivas
Si estudios como Bluepoint no tienen cabida, el mensaje es claro: la industria se está volviendo más conservadora, más fría y menos dispuesta a apostar por la reinterpretación artística del legado.
¿Qué pierde realmente PlayStation?
PlayStation sigue teniendo estudios fuertes y franquicias consolidadas. Pero con la desaparición de Bluepoint pierde algo que no es tan fácil de medir en hojas de cálculo: credibilidad en el tratamiento del pasado Bluepoint era garantía de calidad cuando se trataba de revivir clásicos. Era el puente entre generaciones. Sin ellos, la pregunta es inevitable:
¿Quién será ahora el guardián del legado?

Nosotros si condenamos este cierre
Aquí no estamos ante un simple ajuste financiero. Estamos ante una señal una señal de que la industria AAA está priorizando modelos de negocio sobre identidad creativa. De que incluso el prestigio no asegura supervivencia, de que el talento puede ser prescindible si no encaja en la hoja de ruta corporativa.
Bluepoint demostró que el pasado puede modernizarse con respeto y ambición técnica. Su cierre deja una sensación amarga: la excelencia ya no basta y si la excelencia no es suficiente, entonces el problema no está en los estudios.
Está en el sistema, o quizas el problema sea algo peor?, la propia industria, uhm la propia Sony…
