Ando de viaje por mi amado Perú y ayer me anime a ir al cine en Huancayo para ver la nueva peli Mi mejor Enemiga, el cine peruano sigue apostando por la comedia como uno de sus pilares más seguros en taquilla, y Mi Mejor Enemiga no es la excepción. La película llega con un reparto reconocido, una premisa accesible y una narrativa pensada claramente para el gran público. El resultado es una cinta entretenida, con momentos efectivos, aunque también con decisiones creativas que la dejan peligrosamente cerca de la sensación de déjà vu.
Un punto de partida demasiado familiar
Desde sus primeros minutos, Mi Mejor Enemiga deja clara su estructura: un conflicto personal que se ve forzado a resolverse en un contexto incómodo, siendo el funeral el detonante principal. Aquí es donde aparecen los inevitables paralelismos con Son como niños: reuniones forzadas, viejas rencillas, humor basado en la incomodidad y personajes que reviven conflictos del pasado en un entorno solemne.
Si bien la película no cae en la copia directa, la inspiración es demasiado evidente, y eso le juega en contra al restarle identidad propia en su planteamiento inicial. El espectador con algo de recorrido en comedias notará rápidamente estas similitudes.

Narrativa funcional, aunque predecible
Donde la cinta sí logra sostenerse es en su ritmo narrativo. La historia avanza con fluidez, alternando momentos de comedia con conflictos emocionales ligeros que buscan conectar con el público. No intenta reinventar el género, pero entiende bien sus tiempos y sabe cuándo apretar el acelerador o dar respiro.
Eso sí, la previsibilidad está siempre presente. Muchos giros pueden anticiparse con facilidad, lo que reduce el impacto emocional en ciertos momentos clave.
Actuaciones: luces y sombras
El elenco es, sin duda, uno de los grandes atractivos del film. La presencia de actores conocidos aporta carisma y genera cercanía inmediata con el público. Sin embargo, no todas las interpretaciones mantienen el mismo nivel.
En varios tramos y momentos importantes la actuación se siente exagerada o poco natural, especialmente en escenas que buscan forzar el humor o la emotividad. Esta sobreactuación rompe por momentos la inmersión y recuerda que estamos ante una comedia muy consciente de sí misma.

Karina y Timoteo: el golpe de nostalgia que sí funciona
Uno de los puntos más celebrados y con justa razón es la aparición de Karina y Timoteo. Su participación, aunque puntual, logra conectar directamente con la nostalgia del público peruano y se convierte en uno de los momentos más recordables de la película.
Aquí el humor funciona de manera orgánica, sin forzar el chiste ni abusar del cameo, demostrando que cuando la película confía en su identidad cultural, brilla más.
Producción y tono general
A nivel técnico, Mi Mejor Enemiga cumple sin sobresalir. La fotografía es correcta, el montaje acompaña bien el ritmo y la música refuerza los momentos emocionales sin robar protagonismo. No hay grandes riesgos visuales, pero tampoco errores graves.
El tono general es ligero, ideal para un público que busca desconectar y pasar un buen rato, sin mayores pretensiones.
Una buena película que funciona, pero pudo ser más
Mi Mejor Enemiga es una película entretenida, con una narrativa clara, momentos efectivos y un elenco que sostiene el proyecto. Sin embargo, su mayor debilidad es la falta de identidad propia, especialmente en su planteamiento inicial, demasiado cercano a comedias internacionales ya conocidas.
No por ello no puedo dejar de recomendarla, apuesta por elementos locales y guiños culturales, demuestra que tiene personalidad suficiente para destacar. No es una película que marque un antes y un después, pero sí una opción sólida dentro de la comedia peruana actual. Ideal para una tarde relajada, risas ocasionales y uno que otro momento de nostalgia aunque dejando la sensación de que pudo atreverse un poco más, vayan al cine muchachos¡
