Capcom ha dado un giro inesperado que ha dejado una fuerte marca en la comunidad del fighting gaming: por primera vez en su historia, el acceso a las finales de la Capcom Cup 12 será limitado por un modelo de pago por visión. Esta jugada ha generado una ola de críticas y ha despertado dudas sobre el verdadero compromiso de la compañía con sus seguidores. Lo que parecía ser un evento para celebrar el talento y la competitividad, ahora se percibe por muchos como una estrategia comercial agresiva.
Un cambio sin precedentes
La noticia cayó como una bomba en la escena de los eSports. Capcom ha decidido que los últimos enfrentamientos del torneo, incluyendo la fase top 16 y el campeonato mundial de Street Fighter League, no se podrán ver libremente como de costumbre. En su lugar, quienes deseen seguir las transmisiones en vivo tendrán que pagar un acceso exclusivo por cada día del evento.
Los precios van desde los 4,000 yenes por jornada hasta los 6,000 yenes por el paquete completo, lo que representa un gasto importante para los fans, sobre todo considerando que este tipo de eventos siempre fueron de libre acceso. Si bien las etapas previas del torneo continuarán transmitiéndose de forma gratuita en plataformas como Twitch y YouTube, el clímax del evento estará reservado para quienes puedan costearlo.

¿Por qué esta decisión?
Capcom no ha dado muchas explicaciones detalladas, pero se pueden inferir varias motivaciones:
- Monetización directa de la audiencia: frente al creciente interés por los eSports, la compañía ve una oportunidad de transformar espectadores en ingresos inmediatos.
- Control absoluto del contenido: al reducir la posibilidad de co-streams y watch parties, Capcom centraliza las vistas y controla totalmente la narrativa del evento.
- Prueba de mercado: podría tratarse de un experimento para medir si este formato puede sostenerse en futuras entregas o incluso en otros eventos.
- Exclusividad como valor agregado: para algunos fans, pagar podría sentirse como una experiencia premium, aunque para otros suena a discriminación.
Una comunidad enardecida
Las críticas no han tardado en llegar. Influencers, jugadores profesionales y espectadores habituales han manifestado su desacuerdo. Se habla de una “ruptura de contrato moral” con la comunidad: durante años, Capcom fomentó una escena abierta, donde todos podían disfrutar del espectáculo sin barreras económicas.
Ahora, este nuevo modelo podría dividir a la comunidad entre quienes pueden pagar y quienes no, haciendo que el acceso a los mejores momentos del torneo dependa del bolsillo del espectador. Y aún más grave: se prohíbe retransmitir el contenido, impidiendo a los creadores ofrecer sus análisis o reacciones en vivo, lo cual afecta directamente la difusión y conversación en redes.
¿Qué se pone en riesgo?
- Pérdida de engagement: limitar el acceso puede reducir el alcance global del torneo, afectando tanto a la marca como a los patrocinadores.
- Desconfianza: la comunidad teme que este sea el primer paso hacia una mercantilización total de los torneos, donde cada mejora se traduzca en un nuevo cobro.
- Precedente peligroso: si Capcom tiene éxito económico con esta medida, otras compañías podrían seguir el ejemplo, y los eventos de eSports pasarían a ser espectáculos cerrados.
- Daño a la cultura competitiva: gran parte de la magia de estos eventos radica en su capacidad de unir a jugadores de todo el mundo sin importar su situación económica.

¿Volvemos a la era Crapcom?
Durante muchos años, los fans bautizaron a la compañía como “Crapcom” por decisiones impopulares como lanzar versiones incompletas de sus juegos o saturar el mercado con DLCs abusivos. Este reciente movimiento ha reavivado ese viejo apodo, con usuarios en redes sociales reviviendo el hashtag como forma de protesta ante lo que consideran una nueva señal de desconexión con su base de jugadores.
Una apuesta arriesgada
Convertir las finales de la Capcom Cup en un evento de pago puede tener sentido desde una perspectiva empresarial, pero a nivel comunitario es una apuesta peligrosa. El valor intangible de la confianza del público podría verse comprometido, y una comunidad decepcionada es mucho más difícil de reconquistar que un modelo económico fallido. Nosotros creemos que es necesario observar con lupa este tipo de movimientos. Si los jugadores no alzan la voz, el futuro de los eventos competitivos podría convertirse en un terreno exclusivo solo para quienes puedan pagarlo. Y eso, inevitablemente, marcaría el fin de una era.
